Cuando la violencia la ejerce una mujer: los hombres también pueden ser víctimas
Hablar de violencia dentro de una pareja o una familia no siempre es fácil.
Muchas veces, cuando se habla de violencia, la imagen que aparece primero es la de una mujer víctima de un hombre violento. Y es lógico que ese tema tenga una protección jurídica específica, porque históricamente las mujeres han sufrido y siguen sufriendo formas graves de violencia por razones de género.
Pero eso no significa que un hombre no pueda ser víctima.
También hay varones que sufren agresiones, humillaciones, amenazas, manipulación, control, violencia psicológica, violencia económica, daño patrimonial o falsas acusaciones utilizadas como forma de dominación dentro de una relación.
Y cuando eso ocurre, no debería ser minimizado con frases como:
Ese tipo de respuestas también dañan. Porque hacen que muchas personas no pidan ayuda, no denuncien, no consulten y no puedan ponerle nombre a lo que están viviendo.
¿Cómo se llama jurídicamente?
Cuando una mujer ejerce violencia contra un hombre dentro de una relación de pareja, matrimonio, convivencia, noviazgo o vínculo familiar, lo más correcto es hablar de:
En Argentina, la Ley 24.417 de Protección contra la Violencia Familiar permite denunciar situaciones de lesiones o maltrato físico o psíquico sufridas por una persona por parte de integrantes del grupo familiar. La norma habla de “toda persona”, no solamente de mujeres.
En Provincia de Buenos Aires, la Ley 12.569 define la violencia familiar como toda acción, omisión o abuso que afecte la vida, libertad, seguridad personal, dignidad o integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial de una persona en el ámbito del grupo familiar, aunque no configure delito. También se aplica a relaciones de noviazgo, pareja, matrimonio o unión de hecho, actuales o pasadas.
Entonces, sí: un hombre puede ser víctima de violencia familiar o de violencia en la pareja.
¿Es lo mismo que violencia de género?
Acá hay que ser precisos.
No todo hecho violento dentro de una pareja se llama jurídicamente igual.
La Ley 26.485 está pensada específicamente para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos donde desarrollan sus relaciones interpersonales. Es decir, tiene una finalidad concreta vinculada a la protección de las mujeres frente a violencias basadas en relaciones desiguales de poder.
Por eso, cuando la víctima es un varón y la agresora es una mujer, en general conviene hablar de violencia familiar, violencia doméstica o violencia en la pareja, según el caso.
Pero esto es muy importante:
Que no se lo encuadre de la misma manera que la violencia contra las mujeres no significa que no exista, ni que no pueda generar consecuencias jurídicas.
La ley no habilita a ninguna persona a golpear, amenazar, humillar, controlar, destruir bienes, manipular económicamente, impedir vínculos familiares o someter psicológicamente a otra.
La violencia no siempre deja marcas visibles
Uno de los errores más comunes es pensar que solo hay violencia si hubo golpes.
Pero la violencia puede aparecer de muchas formas.
Puede ser física, cuando hay empujones, golpes, rasguños, objetos arrojados, agresiones o lesiones.
Puede ser psicológica, cuando hay insultos, humillaciones, amenazas, descalificaciones constantes, manipulación, control, escenas de celos, persecución, hostigamiento o intimidación.
Puede ser económica o patrimonial, cuando una persona controla el dinero, destruye bienes, retiene documentación, rompe objetos personales, impide trabajar, usa deudas como amenaza o genera daño económico deliberado.
Puede ser simbólica o emocional, cuando se busca destruir la autoestima del otro, ridiculizarlo, aislarlo o hacerlo sentir incapaz de pedir ayuda.
También puede aparecer una forma muy delicada: usar a los hijos como herramienta de presión.
Por ejemplo:
Cada caso debe analizarse con mucha responsabilidad, porque cuando hay niños, niñas o adolescentes involucrados, el conflicto entre adultos puede terminar afectando directamente su estabilidad emocional.
Que la víctima sea hombre no vuelve menos grave la situación
Un hombre puede sentir miedo.
Un hombre puede sufrir angustia.
Un hombre puede quedarse paralizado.
Un hombre puede no saber cómo probar lo que vive.
Un hombre puede tener vergüenza de contar que lo maltratan.
Un hombre puede quedarse en una relación dañina por sus hijos, por culpa, por miedo al escándalo o porque piensa que nadie le va a creer.
Y esto no lo vuelve débil.
Lo vuelve una persona atravesando una situación de violencia.
La violencia no se mide por el sexo de quien la padece, sino por los hechos, el daño, el contexto, el riesgo y las consecuencias.
¿Qué puede hacer un hombre que sufre violencia familiar?
Lo primero es no naturalizarlo.
Si hay agresiones, amenazas, hostigamiento o daño psicológico, conviene buscar asesoramiento y ordenar la situación.
Algunas herramientas posibles, según el caso, pueden ser:
En Provincia de Buenos Aires, la Ley 12.569 habilita medidas preventivas urgentes como el cese de actos de perturbación o intimidación, prohibición de acercamiento, exclusión del hogar, medidas de seguridad, suspensión provisoria de régimen de comunicación y otras medidas urgentes para proteger a la víctima.
Esto no significa que en todos los casos corresponda pedir todo. Significa que existen herramientas y que hay que elegir la estrategia adecuada según el riesgo y las pruebas.
La prueba importa mucho
En estos casos, muchas veces la dificultad no es solamente vivir la violencia, sino poder demostrarla.
Por eso, sin exponerse ni provocar situaciones, puede ser importante conservar:
La violencia psicológica muchas veces no aparece en una foto, pero puede reconstruirse a partir de patrones de conducta.
También hay que evitar banalizar el tema
Así como es grave negar que un hombre pueda ser víctima, también sería un error usar este tema para atacar o desacreditar automáticamente las denuncias de mujeres.
Por eso, en Derecho de Familia hay que trabajar con cuidado.
Cada situación requiere escuchar, analizar hechos, revisar pruebas, evaluar riesgo y actuar con responsabilidad.
La violencia no puede usarse como etiqueta automática. Pero tampoco puede ser ignorada cuando existe.
Cuando hay hijos, el tema es todavía más delicado
Si en esa relación hay hijos, la violencia entre adultos puede afectar directamente a los niños, niñas o adolescentes.
A veces los hijos no reciben golpes, pero escuchan gritos, amenazas, insultos, manipulación o viven en un clima de miedo permanente.
Y eso también importa.
En estos casos, el análisis no debe centrarse solamente en “quién tiene razón” entre los adultos, sino en cómo proteger a los hijos, cómo ordenar la comunicación, cómo evitar que sean usados como intermediarios y cómo garantizar un vínculo sano con ambos progenitores cuando eso sea posible y seguro.
La prioridad siempre debe ser evitar que los niños queden atrapados en el conflicto.
Entonces, ¿cómo hablar de esto correctamente?
Una forma clara y jurídicamente prudente sería decir:
Los hombres también pueden ser víctimas de violencia familiar o de pareja.
Y también:
Cuando una mujer agrede, amenaza, hostiga, controla o maltrata a su pareja varón, esa situación puede tener respuesta legal.
Lo importante es no caer en frases extremas ni en simplificaciones.
La violencia familiar también puede afectar a hombres
Si sos hombre y estás viviendo una situación de agresión, amenazas, hostigamiento, control o maltrato psicológico dentro de una relación, no lo minimices.
Si sos mujer y conocés un caso así, tampoco lo ridiculices.
Y si hay hijos involucrados, buscá orientación antes de actuar impulsivamente.
La violencia familiar debe ser tomada en serio, venga de quien venga, porque el daño no depende únicamente de quién la ejerce, sino de lo que produce en la vida de la persona afectada y en el entorno familiar.
¿Estás atravesando una situación así?
Si estás viviendo una situación de violencia familiar, amenazas, hostigamiento o conflicto grave de pareja, lo mejor es analizar el caso con calma, ordenar la información y evaluar qué herramientas legales corresponden.
Este contenido es informativo y no reemplaza el asesoramiento legal personalizado. Cada caso debe analizarse según sus hechos, prueba disponible, nivel de riesgo, jurisdicción y situación familiar concreta.
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